“Migrantes: entre el sufrimiento y la inacción” III

Chicago, Illinois. “Palomas Mensajeras” es un programa que recientemente se inauguró mediante la coordinación de la Federación de Clubes Michoacanos en Illinois, el Club Francisco Villa, la Secretaría del Migrante en Michoacán y la presidencia municipal de Zinapecuaro, Michoacán.

Podría ser un programa más, sin embargo, es uno que cambia y marca vidas. Imaginemos no poder ver a nuestros padres o hijos por más de 26, 25, 17, 16 y 15 años.  Ese fue el caso de Salvador, Eduardo, Juan, Maribel y José Luis, participantes en el programa. A lo largo de este periodo pasaron por muchas dificultades. En ocasiones ni si quiera podían comunicarse por teléfono (como hace 25 años que no había en su localidad y tenían que ir a otra comunidad) o, en el mejor de los casos, esperaban enviar o recibir cartas y/o noticias (recados) por medio de algún amigo o familiar que regresaba o iba a Estados Unidos.

Sentimientos encontrados viven en cada uno de ellos, de los 33 padres participantes del programa Palomas Mensajeras. Risas emanadas de la emoción de estar juntos y llanto por el dolor de estar separados por tanto tiempo. “Ahora lo que importa es disfrutar y estar juntos. Nada más”, dice Salvador, el primer entrevistado que afirma que esto es un milagro. Todos ellos pasan los 60 años de edad, requisito para participar en el programa, se habían hecho a la idea de morir sin volver a ver a sus hijos. La tristeza era un sentimiento común y permanente. Solo los padres saben del dolor de no ver a sus hijos, concuerdan.

“El programa Palomas Mensajeras, es solo un ejemplo de lo que significa conocer a la comunidad”, apunta Yolanda Zorayda Ávila, Directora de Casa Michoacán en Chicago:

“Esto es una muestra de que cosas imposibles se pueden hacer cuando se trabaja en coordinación con los distintos órdenes de gobierno y los propios migrantes. Lo que parecía un milagro, es una realidad. Hay mucha necesidad y todo por hacer por la comunidad de mexicanos en Estados Unidos. Acabo de regresar de un viaje de trabajo por Tennessee. No tienen nada; en Chicago estamos en la gloria. Además de las políticas xenófobas, los migrantes están expuestos a que sean deportados por una simple infracción de tránsito por la entrada en vigor de las leyes ejecutivas del presidente Donald Trump. Lo peor del caso es que no tienen protección. El consulado mexicano más cercano está a 3 horas de distancia en auto. Si te contara sus condiciones de vida, no me creerías. Viven con lo básico; trabajan de las cinco de la mañana a las nueve de la noche y ganan nueve dólares por hora. Muy triste no poder hacer nada o muy poco para ayudarlos. Esta es la realidad del migrante mexicano, no la de las ciudades santuario. Invitaría aquellos que se han sumado a la Agenda Migrante a que vayan y platiquen con ellos. Aquí ya se ha hecho mucho, allá es donde se necesita su apoyo”.