¿Cuentos chinos?

Se cumplen 6 meses desde que regresé de China. Mi estancia en la Universidad de Fudan cambió mi perspectiva de esa nación. A la distancia, me gustaría resumir lo experimentado en este enigmático país. Aprendí mucho, pero no lo suficiente. Explicar qué es China o ubicarla en su perfecta dimensión es realmente un reto que traspasa las expresiones simplistas de una breve historia de China o China para principiantes. Ir un par de semanas no ayuda mucho. Sólo es el principio. Entendí algunas cosas, pero otras me cuesta trabajo digerirlas. Así es cuando existe el coche cultural y la negación de lo desconocido o extraño. Es un proceso que tarda y evoluciona, pero necesario si queremos realmente vernos al espejo y reflexionar al respecto. Muchas preguntas, pocas respuestas.

Es difícil enlistar las virtudes de este pueblo. Me queda claro la valentía, el sacrificio, el amor al trabajo y lo más importante, un sentimiento de orgullo e independencia nacional que les da un carácter de dignidad en todo lo que hacen. Prueba de ello es el gran salto de un país que se encontraba en una fase de subdesarrollo hace 40 años a lo que hoy conocemos. ¿Cuál fue el secreto? ¿Complicado explicarlo? Una serie de reformas económicas, decisiones pragmáticas con grandes costos para la población y coyunturas globales podrían dar respuesta a lo sucedido en los últimos años en materia de transformación económica o salida del atraso. Hay por supuesto pasajes negros, como en la historia de todos los países.

Entendí que no existe algo completamente negro o blanco o rojo; que la ortodoxia se puede desplazar con un pragmatismo responsable. A ellos les funciona. El Estado regulador y planificador desde una perspectiva de economía mixta puede funcionar si existen candados a la corrupción y al tráfico de influencias con miras a llegar a la tan anhelada meritocracia.

Aquí la oportunidad de aprender de lo que ellos han hecho al respecto. Esas, entre otras relacionadas con la política económica de desarrollo, son algunas de las enseñanzas que podemos aprender, empero a ello, de nada servirá si no estamos abiertos a esos marcos de referencia. ¿Qué falta? Mucho sin duda.

Propongo que comencemos con conocernos más. Poco se sabe de México allá como casi nada de China acá. Urge una diplomacia cultural activa y agresiva, más aún ante una eventual negociación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con ellos que dicho sea de paso y citando las palabras de su embajador en México, Qui Xiaoqui, están listos para ello. Tomémosle la palabra.

Es cierto que los responsables de profundizar la relación bilateral son las cancillerías; sin embargo, promover la participación de todos los niveles de gobierno en la relación bilateral serviría y acortaría la brecha que existe entre dos socios que se miran con cautela a sabiendas que hoy más que nunca se necesitan. De no hacerlo, seguiremos hablando y hablando sin llegar a nada de la tan anhelada diversificación comercial y contándonos cuentos chinos.

 

Nota: Columna publicada en el Heraldo de México el día 27 de julio de 2017.