La “epojé” del TLCAN

La palabra epojé proviene del griego “epokhé” que significa etimológicamente “suspender”. El filósofo Husserl dentro de su método fenomenológico le da un sentido de “suspensión” al referirse a la puesta entre paréntesis de la realidad del mundo que conduce a la apropiación de la realidad del yo, de la propia conciencia.

Esto, pienso, es lo que deberíamos de hacer en un ejercicio práctico de salud mental, emocional y económica del país. Tras la finalización de la quinta ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) y en un ejercicio de honestidad o en honor a la verdad, de todos los sectores que han intervenido en esta y las otras 4 mesas de negociación, deberíamos de aceptar que el futuro del proceso de negociación del TLCAN lejos de estar llegando a buen puerto, pasa por una tempestad que difícilmente le permitirán subsistir. No se ha avanzado en casi nada cuando hablamos técnicamente del cierre de los acuerdos en los distintos capítulos del Tratado. Lo poco acordado ha servido como un paliativo esperanzador que puede desaparecer en cualquier momento. Si a esto agregamos los tiempos políticos que se avecinan (elecciones en el 2018) en México y Estados Unidos, el panorama se torna realmente opaco.

Es una de las primeras veces que a pesar de que hay un frente común en el tema (hasta los partidos de oposición defiende el TLCAN) las externalidades rebasan la fortaleza de los actores políticos, económicos y sociales nacionales. ¿Nos confiamos? No lo creo, sin embargo, no fuimos lo suficientemente sigilosos de vislumbrar este escenario muy a pesar de nuestra ya tradicional forma de arreglar las cosas con la frase: “ya veremos qué se nos ocurre o hacemos”. Esta vez la improvisación y confianza en Norteamérica nos falló.

Ahora, continúe o no el TLCAN con ventaja o desventaja para nuestros intereses nacionales, sigue la titánica misión de poner un paréntesis, es decir, un “epojé” en nuestras relaciones internacionales con miras a reconstruir una política exterior innovadora alejada de la visión tradicional que tome en cuenta los pesos y contrapesos (económicos y políticos) de los actores globales y de la realidad del mundo, misma que evoluciona a ritmos avasalladores.

En este ejercicio se deberá de replantear desde la política económica comercial hacia el exterior, hasta el uso de la diplomacia suave para conseguir el tan anhelado interés nacional, mismo que tendrá que definirse en las plataformas o propuestas en materia de política exterior de las distintas fuerzas políticas del país de cara a un año electoral que promete de todo, menos, espero equivocarme, planteamientos serios en la materia.