Corea del Norte: circo de tres pistas

Corea del Norte vuelve a ser noticia a nivel internacional. Probó su misil modelo Hwasong-15 que, según los expertos, es capaz de alcanzar blancos a 13 mil kilómetros de distancia. Esto se basa en el análisis de la trayectoria que tuvo el misil que alcanzó una altitud de 4,475 kilómetros, 11 veces más que la que tiene la estación espacial internacional. Esto, naturalmente, ha puesto en alarma roja a la comunidad internacional, especialmente a Estados Unidos que, con esto demuestra que los esfuerzos hechos por su presidente Donald Trump durante su reciente gira a Asia, donde se entrevistó algunos líderes de la región, destacando la reunión con el presidente chino Xi Jinping, fueron estériles. El aprendiz de diplomático fracasó en su intento de presionar a China para que Corea del Norte abandone sus ensayos balísticos y pruebas nucleares.

No es un secreto que China tiene ambiciones que van más allá de su zona de influencia regional. En el seno del pasado 19 Congreso del Partido Comunista Chino se anunció el objetivo de lograr ser una potencia global para el año 2050. Para ello no sólo necesita de su estrategia geoeconómica a través del programa de la nueva ruta de la seda, que promete recursos millonarios a los países que decidan participar en el mismo en el esquema denominado cooperación sur-sur; también se debe de jugar en el terreno geopolítico.

Es aquí cuando el tema de Corea del Norte adquiere relevancia, fungiendo el papel de país satélite capaz de abrir nuevos frentes de negociación y preocupación para Washington y sus aliados regionales. No es lo mismo negociar o enfrentar un escenario de crisis que dos. A eso apunta la estrategia de Pekín. Mientras esto sucede, China sigilosamente va ampliando su órbita de influencia en el mar de la China meridional, donde disputa límites de sus fronteras principalmente con Brunéi, Filipinas, Malasia y Vietnam, e incrementa su presencia área en las Islas Senkaku, que disputa y reclama a Japón.

Si bien es cierto, China ha manifestado su interés y deseo que el asunto norcoreano no se salga de control, es sumamente difícil saber con exactitud si cumple cabalmente los lineamientos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de Estados Unidos con respecto a las sanciones económicas recién impuestas. Simple y sencillamente la frontera entre China y Corea del Norte es porosa y complicada de vigilar.

Todo indica que la estrategia denominada Corea del Norte ha ido muy lejos y es factible que ni China ni Rusia, actor que ha mantenido una posición tibia con condenas diplomáticas al respecto, puedan disuadir a que Corea del Norte detenga sus amenazas. ¿Qué hacer? Además de las sanciones de primera, segunda y quizá de tercera generación impuestas a Corea del Norte, se necesita una acción y resolución consensada en el seno del Consejo de Seguridad de los miembros permanentes de la ONU, donde precisamente tres actores del conflicto tendrán que votar (China, Estados Unidos y Rusia). El no hacerlo, comprobará la hipótesis de que Corea del Norte es el circo de tres pistas que intenta cambiar el balance de poder de los actores globales, es decir, la nueva geopolítica del Siglo XXI.