Corea del Norte y su política de distención

Las amenazas entre Donald Trump y Kim Jong-Un no se hicieron esperar en el recién inaugurado 2018; el presidente estadounidense dejó clara su arrogancia y falta de conocimiento en el arte de la diplomacia, y el presidente norcoreano, su amplio conocimiento de lo que, en su momento, es decir, durante la guerra fría, se le denominó la política de distensión o détente.

En el contexto de la polarización ideológica y de los modelos de desarrollo económico de la posguerra, no sólo la Unión Soviética y Estados Unidos utilizaron esta política que terminó con la carrera armamentista y el fin de la era comunista en el mundo a principios de los 90. Otros ejemplos: los casos de la India con Pakistán o Israel con sus vecinos árabes. La idea era poseer más armas atómicas que el contrincante. Ambos países acumularon gran cantidad de arsenal nuclear que afortunadamente nunca se usó. La política de distensión o détente evitó una tercera guerra mundial, o, la destrucción del mundo.

La historia se repite, sólo que se trata de un fenómeno atípico en el modelo del uso de la política de disuasión como en el caso entre Corea del Norte y EU, dado que los actores en el conflicto tienen capacidades militares asimétricas. Hay que darle un vistazo al arsenal nuclear de cada país. Bajo esta óptica, es probable que el fondo del asunto de la guerra verbal entre Donald Trump y Kim Jong-Un radique en la reinterpretación de la política de détente en donde el primero la usa en combinación de variables internas (baja popularidad y escándalos de su gobierno) para mantener vivo un conflicto internacional, mientras este le sirva y así acumular capital político para enfrentar así los desafíos derivados de la política nacional de su país. El líder norcoreano aprendió la lección y utiliza el desarrollo de capacidades nucleares para la subsistencia del régimen que heredó de su padre, así como del tablero geopolítico global, hoy multipolar, en donde tanto Rusia como China buscan más espacios de influencia económica y política global reflejados en ganancias absolutas.

Corea del Norte es el señuelo o factor distractor. Si no fuera así, no se entiende por qué la racionalidad de la política exterior de EU no se comportó como lo hizo como con la Venezuela de Chávez, que si bien es cierto, no poseía arsenal nuclear, sí grandes reservas de petróleo que podrían poner en aprietos el precio internacional del hidrocarburo y, por ende, los intereses económicos estadounidenses en el sector. Además, a pesar de la guerra verbal permanente contra el imperio, EU prefirió dejar que el bolivianismo se fuera agotando. La estrategia dio resultados con la muerte de Chávez y con la posterior catarata de errores cometidos por Maduro. El régimen tiene sus días contados. Donald Trump y Kim Jong-Un se necesitan y el alargamiento del enfrentamiento lo demuestra. Habrá más espectáculo en la península coreana por un rato. Mientras tanto, las pláticas entre las dos coreas para organizar los juegos de Invierno próximos serán el preámbulo de un periodo de impase que quizá desencadene sobresaltos e incertidumbre. La política de la détente sigue vigente, por lo menos para Corea del Norte.